Muros asesinos

Por un mundo sin muros

No debería haber ningún muro en ningún lugar. No debería haber justificación que lo levante. Ni creencias o religiones que alcen las armas a favor de la muerte.

 

La playa de arena grande llora. Su rugido espanta a los peces. La espuma moja mi cara y creo que mi cuerpo está hundido en la arena. Pero no tengo miedo, mamá está conmigo, me da la mano. El destello de una cámara molesta a mamá y el mar se enfada. Se escuchan susurros a nuestro alrededor. <<Sophie, son Sirios>>, dicen. Yo pongo atención. << No, no, soy Samir. Mi nombre es Samir>>. Mamá me interrumpe poniendo su dedo en mi boca. <<Nadie te escucha hijo…>>.

Un escalofrío oprimido acompaña a Sophie, y en sus manos, una cámara se adhiere formando un molde hecho a medida. Al entrar en la habitación del hotel una calma la recibe con apego. Sophie la absorbe intimidada. Se escucha un clic y la pantalla se apresura a enviar el contenido, antes de que ella regrese a casa.

La arena tapa las huellas de Samir y su madre. El mar sonríe de nuevo, no teme a nada. Ni Sophie que se interna en el mundo de los muros asesinos, del tráfico de coyotes y de tómbolas de poder. La imagen de Samir, un niño sirio, paseará por todas las pupilas del mundo sin provocar lesiones…

Margot llora, llora Philippe, y su primo grita. Los escucho mientras el café derramado cae sobre mi frente. No siento mis manos, estas manos con las que retrato. Estas manos con las que acaricio. Me vacío mientras mi cuerpo se hunde en el alquitrán. Pero no tengo miedo. Ellos están conmigo. Margot me da la mano. El destello de multitud de cámaras me molesta. Se escuchan gritos y más gritos. La gente corre. ¡Hay vivos! ¡Hay vivos! <<Yo, yo. Estoy aquí, soy Sophie. Mi nombre es Sophie>>. Margot me interrumpe poniendo su dedo en mi boca. <<Nadie te escucha hermana>>.

Un altar de flores y velas tapa las huellas de Margot, Philippe y Sophie. La tierra llora y el mar se enfurece. Las imágenes de Sophie, una fotógrafa francesa, se incrustará en todos los cristalinos del mundo, en todas las casas, en todas las pesadillas…

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